Ruta Arqueológica
Los testimonios arqueológicos más antiguos que encontramos en el término de Algemesí se localizan en Cotes, con restos ibéricos, y Pardines, donde hay ibéricos, romanos y musulmanes. No obstante, no hay ningún testimonio histórico sobre la fundación y el nombre de Algemesí. La primera noticia documental de Algemesí se encuentra en el Llibre del Repartiment, concretamente el 23 de noviembre de 1243, al cabo de unos meses de la conquista de Alzira por parte de Jaime I (30 de diciembre de 1242). La alquería musulmana de Algemesí, formada por unas tierras y unas casas propiedad de Amet Aventamlús, fue dada a Bernat de Suilols. El año 1249 la alquería se incluyó dentro del término general de la villa de Alzira. Al cabo de unas décadas, alrededor del año 1280, se fundó la parroquia de Algemesí como consecuencia de la creación del arcedianato de Alzira. Algemesí adquirirá una posición preeminente, por encima del resto de las alquerías de los alrededores, por encontrarse en una encrucijada de caminos por donde pasa el Camino Real, por situarse en una zona de riego y, finalmente, por disponer de una parroquia que funciona como centro de administración, de cohesión social y de representación vecinal. Progresivamente, durante toda la edad media, se produce un fenómeno doble: por una parte, las alquerías pequeñas del contorno pierden sus habitantes y, de la otra, la población tiende a concentrarse en el casco urbano, que empieza a ser considerado en varios documentos como «lugar», es decir, como centro de la zona. Hacia el final del siglo XIII desaparecieron los núcleos de Albotaina, Fentina y la Xara, aunque se mantuvieron como topónimos que han pervivido hasta la actualidad. Durante el siglo xiv se despoblaron Massasseli y Gégena y, durante el siglo XV, Aurí. Solo pervivirán durante unas décadas más Cotes y Pardines, gracias al hecho de que, a raíz de la conquista de Jaime I, se habían convertido en señoríos.
 
El origen del nombre de Algemesí 
 
La única certeza que tenemos es que Algemesí es un nombre de origen árabe. Los estudios indican que provendría del árabe hispanomusulmán “Xemesí” referido al nombre de una alquería que significa “ventana en forma de arco” y “balcón soleado”.
 
Las “paredes” (parets) de Cotes y Pardines
 
Al término de Algemesí  hay dos restos arqueológicos que demuestran la explotación agraria en época hispanomusulmana y que dieron lugar a dos de las aldeas que existían inicialmente alrededor del lugar de Algemesí, Cotes y Pardines. En los dos casos, la tradición popular se ha referido a estos restos como «paredes», ya que se ve que son las ruinas de antiguos edificios. En el caso de la pared de Cotes, sabemos que había una alquería musulmana, porque aparece citada en el Llibre del Repartiment, y que estuvo habitada, sobre todo por moriscos, hasta el comienzo del siglo XVII. La tradición popular relaciona la existencia de Pardines con la pared que lleva el mismo nombre y que se suele atribuir a la iglesia de San Miguel, clausurada el año 1640 cuando la aldea se despobló a causa de las inundaciones frecuentes que la afectaban. En efecto, la pared fue aprovechada en el siglo XIII para construir la iglesia, pero su origen es más antiguo y, según parece, pertenece al muro norte de una de las torres de la alquería islámica que había. Probablemente, la placita del Carbó, detrás del ayuntamiento actual, es el núcleo original de la ciudad de Algemesí, ya que debía haber la antigua encrucijada de caminos de las alquerías. La actual calle Berca (que seguía el Camí Real hacia la calle Valencia) y la calle Montaña (que conducía a la montaña de Cotes), debían ser los otros puntos de expansión inicial de Algemesí. La única construcción de este tiempo que queda en pie es la Iglesia vieja, aunque su aspecto está desdibujado por las reformas que se van llevar a cabo durante los siglos XVIII y XX. Durante la segunda mitad del siglo XVI y el primero tercio del siglo XVII, Algemesí entra en un período de expansión fundamental, gracias al cultivo de la morera y las actividades artesanas derivadas, es decir, la elaboración y el comercio de la seda. Entre 1560 y 1620, la burguesía despliega varias iniciativas de gran importancia, que tienen dos hitos fundamentales. La primera, la construcción del nuevo templo parroquial, la iglesia nueva y la casa abadía (1550-1582). La segunda, la constitución de Algemesí como municipio independiente. El año 1574, a instancias del síndico Bernat Guinovart, Algemesí se segregó de Alzira y consiguió el título de Universidad. Como eso pasó el día de san Sebastián, el consejo lo declaró patrón de la villa. Al cabo de unos años, el 1608, el síndico Domènec Gamieta obtuvo del rey Felipe III el título de Villa Real. El año 1620 se anexionaron en Algemesí los señoríos de Cotes y Pardines, de manera que se acabó de configurar el término como ha llegado hasta la actualidad. El proceso de emancipación de Algemesí representó una notable inversión económica por parte de las autoridades locales, ya que debieron pagar una gran cantidad de dinero a la Corona. La crisis que siguió a la expulsión de los moriscos (1609) afectó con fuerza el desarrollo económico, ya que hubo un descenso demográfico y se perdió mano de obra. En consecuencia, se debió producir una reorientación en la producción agrícola; aprovechando las rutas de distribución de la seda, el arroz empezó a cultivarse para la exportación y no solo para el consumo propio. Poco a poco, sobre la base de una agricultura dual basada en la seda y el arroz, empezó una nueva etapa de crecimiento rápido, que se mantendría hasta la Guerra de Sucesión (1705-1707). Esta expansión tendrá su expresión plástica en el campanario barroco de la iglesia, inaugurado el día del Corpus de 1703. Una vez superados los efectos negativos de la guerra, el siglo XVIII se caracterizó por el crecimiento económico y por la consolidación del arroz por encima de la morera, a pesar de las restricciones que tenía este cultivo por razones sanitarias. En este sentido, fue importante la prolongación de la Séquia Real del Xùquer, para que las zonas altas de Cotes se pudieran aprovechar para el regadío. Algemesí se convirtió en un centro de inmigración, en un mercado permanente de oferta de trabajo. La guerra del Francés (1808-1812) y la guerra Carlista (1833-1840) representaron una etapa de crisis en relación al período anterior. Aun así, durante el siglo XIX se mejoró la red de riegos y se introdujeron cultivos nuevos, como el maíz y las legumbres, que convivían con los productos tradicionales de huerta mediterránea. El año 1827 se introdujo el cacahuete y el año 1845 empezó la explotación de la naranja, un producto que progresivamente abrió horizontes comerciales que resultarían claves para el futuro de la villa. A la expansión del regadío hay que añadir otra innovación agrícola, la introducción del guano, un importante fertilizante (1852). Además, la mejora de las comunicaciones por carretera (1844) y la construcción del ferrocarril (1853) supusieron nuevas posibilidades de crecimiento. Como muestra de este desarrollo, la población de Algemesí se multiplicó por nueve, aproximadamente. A partir de 1854 se produce la crisis de la morera que permitió centrar los esfuerzos en la citricultura definitivamente. A este hecho contribuyó la demanda constante de alimentos de las poblaciones de los países industrializados, cosa que reorientaba la producción hacia la especialización y la comercialización. La actividad de los molinos y, por extensión, del embalaje y el almacenamiento de los productos, dio lugar a la industria de la conserva. En definitiva, la trilogía formada por el arroz, los productos de la huerta y los cítricos permitió que se produjera, entre 1880 y 1916, el primer impulso mercantil e industrializador. Un impulso que hizo que Algemesí, poco a poco, incorporara los frutos del progreso técnico de aquella etapa: el telégrafo (1854), el petróleo (1893), el motor de vapor (1875), el teléfono (1888), la electricidad (1893), el agua potable (1895), el automóvil (1907), el cine y el teatro (1910). El crecimiento económico, obviamente, implicó un proceso de aumento demográfico, entre otras razones, porque la actividad productiva del municipio estaba poco mecanizada y había que mucha mano de obra. A su vez, el crecimiento demográfico saturó Algemesí y provocó la aparición de barrios nuevos que acogían a los recién llegados en las afueras de la villa, como el Carrascalet o el arrabal de San Roque. Al mismo tiempo, las autoridades municipales encargaron al arquitecto Lluís Ferreres el proyecto de ensanche urbano (1883). Se decidió que Algemesí se renovaría y crecería alrededor de las zonas más dinámicas (la plaza Mayor  y la estación). Se trazaron dos calles paralelas a la calle Montaña (la calle dels Arbres y la calle Cervantes) y dos transversales (de las Germanies y de Lepant). A partir de este eje se delimitó el espacio para el mercado y para las calles nuevas que se abrieron hacia el este, como la calle de Sant Sebastià.
 

 

 

 

 

Formulario de búsqueda

Lu Ma Mi Ju Vi Do
 
 
 
 
1
 
2
 
3
 
4
 
5
 
6
 
7
 
8
 
9
 
10
 
11
 
12
 
13
 
14
 
15
 
16
 
17
 
18
 
19
 
20
 
21
 
22
 
23
 
24
 
25
 
26
 
27
 
28
 
29
 
30