Museo Taurino
La plaza es la señal de identidad de la Semana de Toros de Algemesí, es el orgullo de un pueblo que la siente como propia, es el estandarte que hace única una feria singular. Montar la plaza es el argumento de la fiesta. La fuerza de la tradición impone y obliga a seguir alzando, año tras año, cada mes de septiembre un monumento único de arquitectura e ingeniería popular.
 
 
UNA FIESTA ANCESTRAL
 
Aunque las primeras noticias taurinas que se conservan en el Archivo Municipal de Algemesí datan del 1643, es seguro que se celebraban fiestas con toros desde mucho antes. A eso contribuyó que la población tuviera un bovalar, que era un terreno destinado exclusivamente a pastura. Poseer un bovalar era una distinción y un derecho real que Algemesí gozaba desde la época medieval. Cuando se arrendaba a ganaderos de bovino, se les exigía, además del pago del precio del alquiler y el cumplimiento del proveimiento de carne, que dejaran algunos animales para correrlos en las fiestas.
Los animales entraban por las calles de Algemesí hasta la plaza Mayor, donde se montaban plataformas rudimentarias para poder ver el espectáculo, primero con carros y troncos de morera, y más tarde con graderías que dieron lugar a la plaza que hoy conocemos. La fiesta nació del pueblo, y con su participación se modeló y creció. De hecho, la forma rectangular y la manera de montar la plaza de toros es fruto de la arquitectura popular.
 
UNA ORGANIZACIÓN PECULIAR
 
En la actualidad la plaza se construye gracias al montaje de veintinueve cadafales. Veintinueve piezas adjudicadas a través de una subasta anual en la que intervienen todas las peñas que pretenden optar a lugar y que, después de conseguir su propósito, deben  encargarse no sólo del montaje del tramo asignado, sino de la venta de las entradas correspondientes.
El resultado económico final de la subasta constituye el presupuesto para confeccionar los carteles de los nueve días de Feria y otros espectáculos que se desarrollan, todo eso organizado por una Comisión Taurina formada por un miembro de cada cadafal.
Parece evidente por lo tanto, que nos encontramos ante una de las ferias más antiguas del panorama taurino mundial, y sus carteles, eso sí, anunciaron, desde siempre y prácticamente en exclusiva, los nombres más importantes del escalafón de novilleros. Es por eso que Algemesí ha constituido un referente para las jóvenes promesas del toreo y un triunfo en su plaza ha significado un aval para su carrera.Aun así, Algemesí no se ha privado de la contratación puntual de algunos de los mejores matadores de toros de los últimos tiempos, así como de las figuras del toreo a caballos más significativas.
 
UNA PLAZA ÚNICA
 
La plaza es un ejercicio metafísico de compensación de fuerzas, de equilibrio y al mismo tiempo de robustez y seguridad. Madera, clavos y cuerdas; no hay más.
Cada 9 de septiembre, la plaza Mayor se llena con las maderas que las peñas utilizarán para elevar una plaza de toros con capacidad para casi 5.000 espectadores que quedará totalmente montada en el plazo aproximado de diez días, dispuesta para albergar la feria de novilladas más antigua e importante del mundo. Queda constatado que ya a mediados del siglo XIX la contratación de toreros era habitual en Algemesí.
 
TRADICIÓN TAURINA
 
La feria de Algemesí está formada, habitualmente, por ocho novilladas que incluyen cada tarde a dos jóvenes novilleros y un rejoneador, mientras que se reserva una tarde a una corrida de toros con matadores de primer nivel. El arte se traduce en leyenda y las leyendas necesitan nombres: Enrique Ponce, Rafi Camino, El Litri, Julio Aparicio, Jesulín de Ubrique, Finito de Córdoba, César Jiménez, Cristina Sánchez, Vicente Barrera, Esplá, César Jiménez, Jose Pacheco El Califa, El Soro, Francisco Rivera Ordóñez, Cayetano, Manuel Díaz El Cordobés, Buendía, Vidrié, Andy Cartagena, Pablo Hermoso de Mendoza, Álvaro Montes, Sergio Galán…
 
MÁS QUE TOROS
 
La Semana Taurina se vive de forma intensa. La primera cita de la mañana es el encierro de las reses que se lidiarán ese día. El protagonismo pasa a la zona del parque Salvador Castell en las casetas de las peñas donde la gastronomía manda. Tras la novillada, y una vez el sobrero ha vuelto a los corros, llega el turno de las cenas y luego los espectáculos nocturnos. A éstos seguirán, en las casetas del parque, una vez terminado el espectáculo, más fiesta y baile.
 
 
Comisión Taurina
 

 

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