La Fiesta
Algemesí es un pueblo marcado por la celebración, cada 7 y 8 de septiembre, de una de las fiestas más arraigadas e importantes para los valencianos: la Procesión de la Virgen de la Salud. La devoción a una imagen mariana, encontrada según cuenta la leyenda allá por el año 1247 en el tronco de una morera, se ha convertido en un referente sobre el que se fundamenta una procesión de danzas y músicas, únicas. Tradición, fe y cultura desfilan por las calles: son las fiestas de la Virgen de la Salud.
Las primeras noticias que se conocen sobre la celebración de la Fiesta son unas partidas de descargo sobre el coste de la fiesta de la Virgen en 1610, realizada por iniciativa de los vecinos de la calle Berca donde ya existía la Capilla del Hallazgo. En 1680 pasó de ser fiesta de calle para convertirse en fiesta de todo el pueblo. Es muy posible que la fiesta ya quedara instituida en 1747, con la conmemoración del quinto centenario del hallazgo y se piensa en una procesión de vuelta general.
La historia deja a su paso ritos y representaciones sobre las que se sedimenta la identidad de los pueblos. La sociedad valenciana, tan necesitada de referentes de aceptación irrefutable, ha encontrado una manifestación ancestral sobre la que escribir su futuro. Por ello, las fiestas patronales de Algemesí merecen una especial atención. El resurgir experimentado en las últimas décadas y su innegable valor antropológico la convierten en una manifestación viva de la cultura valenciana.
Cada 7 y 8 de septiembre las procesiones a la Virgen llenan las calles de estrellas de colores que se recrean en los caprichosos movimientos de “Muixeranga, Bastonets, Carxofa, Arquets, Pastoretes, Bolero i Tornejants”. Suenan, resuenan las melodías de la dulzaina y el tambor. Son las danzas y las músicas de un pueblo que de generación en generación participa, de forma consciente o inconsciente, en el marco de la fiesta, en la construcción y desarrollo de la propia identidad.
Los primeros sonidos que anuncian el inminente inicio de las fiestas llegan el 6 de septiembre, es la "noche del retorno". Las campanas de la Basílica de Santiago tocan sin parar durante toda la noche. Es un ritoúnico en el que se rememora el milagroso retorno de la imagen de la Virgen de la Salud desde la villa de Alzira hasta un incipiente poblado a comienzos del siglo XIII, Algemesí, que convierte la imagen mariana en el eje vertebrador de su independencia.
Cuando llega el 6 de septiembre en nuestra ciudad, ya es tiempo de fiesta mayor. Cuando cae la tarde, las campanas de la Basílica de Santiago inician un ritmo potente que resuena en toda la ciudad, es el Repique de la “Xerevia”, un volteo originario de la Sede de Valencia que marca el inmediato inicio de la fiesta.
Cesa el repique y el silencio que desciende de lo alto del campanario anuncia que las puertas de la Basílica se van a abrir. Suenan las primeras notas de dulzaina y los bailes empiezan la primera de las procesiones, la de las promesas, en honor a la gran cantidad de vecinos que participan. La “Muixeranga” alza sus torres, resuenan los golpes de los “Bastonets”, vuelan los pulcros trajes de la “Carxofa”, los “Arquets” y los “Pastorets”; suena el Bolero de “les llauradores”, mientras que los majestuosos “Tornejants” redoblan sus pasos de guerreros. Todo tiene su ritual y, un espectáculo que podría parecer barroco y desordenado, se convierte en un desfile perfecto donde todos los actores saben perfectamente el día, hora y lugar que requiere su participación. La procesión, que se inicia con los “Misteris i Martiris”, tiene un orden escrupuloso con las torres de la “Muixeranga” en segundo lugar, “Els Bastonets”, la “Carxofa”, “Els Arquets”, “les Pastoretes”, el Bolero. La segunda parte de la procesión es la religiosa, encabezada por la Cruz Mayor, la siguen “els Tornejants”, el estandarte de la Virgen, el público y los festeros. La presidencia es a cargo del clero, el depositario, el secretario y los festeros del barrio organizador, “els Macers” los miembros de la corporación municipal, la banda de música y las promesas.
Dentro de la necesaria trilogía de procesiones de esta fiesta, en la segunda, el color tiene un protagonismo especial. La mañana del 8 de septiembre, día de la patrona, se celebra una nueva muestra de devoción popular. La conocida como “Processoneta” de la mañana ofrece una serie de matices y detalles únicos que la luz del día regala al visitante que contempla este tradicional espectáculo. Esta es la más breve, pero, sin duda, la más intensa y visitada de las procesiones. En los pocos metros que separa la Capilla del Hallazgo de la Basílica de Santiago, todos los bailes se concentran a lo largo de la calle Berca y la plaza del Carbón.
Uno de los momentos culminantes de la fiesta es la entrada de la imagen de la Virgen de la Salud en la Basílica de Santiago. Dentro de un espacio reducido de la plaza Mayor, todos los bailes danzan al mismo tiempo. Durante unos minutos se produce un espectáculo indescriptible: las imágenes hablan por sí mismas. Es uno de los cuadros plásticos más barrocos de la fiesta.
Con la fachada de la Basílica como telón de fondo, todos los bailes danzan al mismo tiempo, mientras los portadores de la imagen, “els Volants” realizan un alegórico triple intento de entrada que culmina en un apoteósico final de aplausos multitudinario.
La tercera y última procesión de la fiesta de la Virgen,  es la más larga con más de 7 horas de duración, se inicia el mismo 8 de septiembre a las 20 horas desde la Basílica menor de Santiago y finaliza siempre, aunque no hay ningún horario establecido, pasadas las dos de la madrugada. Conocida popularmente como la procesión de vuelta general, los tradicionales bailes de Algemesí y la imagen de la patrona transcurren de nuevo por el casco antiguo de la ciudad, repitiendo el itinerario original de 1724, cuando aparecen las primeras noticias sobre la solemnización de la fiesta.
Este año, la fiesta ha tenido dos novedades importantes para su potenciación. Los trajes de los personajes bíblicos han sido recuperados y, además, también se han hecho nuevos trajes para unos personajes muy importantes y un poco olvidados de nuestra procesión como son los maceros.
El destino final de este trayecto es la plaza Mayor, punto de salida y retorno, donde el público espera la llegada de la imagen. El largo itinerario de esta última procesión hace inevitable que la entrada de la imagen al templo se produzca a altas horas de la madrugada. Con el último acceso de la Virgen en la Basílica, llega la apoteosis final de toda una fiesta.
La costumbre es el hábito que adquiere la fuerza de un proyecto. Año tras año, Algemesí asienta un poco más la historia de un pueblo que afianza su identidad de generación en generación. El nombre propio de este proceso latente son las fiestas de la Virgen de la Salud. Cada 7 y 8 de septiembre, la veneración de un pueblo a su Virgen se manifiesta en todo un compendio vivo de antropología cultural. Un homenaje a las sensaciones, a la fe y la cultura ha desfilado de nuevo por las calles de nuestra ciudad.
Pero, no todo acaba aquí. La fiesta ha traspasado las débiles fronteras locales para convertirse en un espectáculo admirado, seguido y querido por todos los valencianos. Lo que se ha conseguido recuperar y potenciar nunca puede volver a perderse. Ese es, al menos,  uno de los objetivos del Museo de la Fiesta, ubicado en una de las salas del recuperado convento de San Vicente.
La fuerza y ​​la progresión de la fiesta de Algemesí tampoco ha pasado desapercibida para la Consejería de Cultura de la Generalitat que concederá a la Procesión de la Virgen de la Salud el título de Bien de Interés Cultural, según informe favorable efectuado por Consejo Valenciano de Cultura. Tanto el Museo de la Fiesta como esta declaración son dos caras de la misma moneda. Es la constatación de que los valencianos miran hacia Algemesí y que la procesión tiene más fuerza que nunca.  

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